02 septiembre, 2009

Para cuando un chiquiteo civilizado...


ARTÍCULO DEDICADO ÍNTEGRAMENTE A GONZALO BILBAO:

ANTES, los chiquiteros bilbainos
echaban mano de las sentencias:
Así murió. el pobre Rufino, por
beber agua en vez de vino", se
podía leer en una taberna de la
calle Pelota. Una ronda de tragos
al son de las bilbainadas: "Cuando
nos trae Paloca / vino del Rioja,
del superior, / todos los
parroquianos / le alabamos por el
buen mol / Pero cuando nos mete /
gato por liebre / Áy Válgame Dios! /
todos los parroquianos vamos
corriendo / ande Zenón / Con el
Áay! y más Áay! / que viva el barrio
de Achuri / la taberna de Paloca /
ÁAy, ay, ay, ay!"
Primero fueron los chacolines de
las afueras de las Siete Calles, por
Abando, Begoña y Deusto. Un
recorrido por "donde Lusiano,
Tutulu, Chaquilante, Seleminchu,
Trauco, Pastela, Macharratia... y
antes aún existieron los cuarteles
y txabisquis, como el de
Chinostra, su buen Rioja y mejor
cocina. En los sesenta del siglo
XX, la ruta del chiquiteo discurría
por las tabernas de siempre:
Vicandi, la Zornozana, Berango,
Echeita, la Guipuzcoana, en
Somera; Chimbo en Barrencalle,
Larrinaga, Talento, Goitibera, en
Iturribide, Paloca y Eugenio en
Atxuri, Heredia, por San
Francisco, entre otras muchas. El
vino se servía desde el pellejo con
vino Rioja, con una cafetera de
esmalte a unos vasos gruesos de
culo macizo. Caldo suministrado
por los vinoteros de la Alhóndiga
municipal, casi siempre de origen
riojano y sabor parejo.
En la actualidad, los chiquiteros de
siempre, si bien son menos,
continúan fieles a los vinos de la
Alhóndiga y su derecho les asiste.
El problema llega con quienes
pretenden beber un buen Rioja y
en la mayoría de los
establecimientos se encuentran
con una oferta limitada a los
peores crianzas de la Rioja y a
cosecheros sin madre ni etiqueta.
Por los primeros, el hostelero no
abona más allá de 2/3 euros por
botella. Y por los presuntos vinos
jóvenes, no más allá de euro y
medio. Aunque se estiran, y
mucho, a la hora de cobrar... En
algunos establecimientos cabe la
posibilidad de elegir entre varios,
no demasiados, crianzas. Casi
siempre a temperatura ambiente o
sacada la botella del frigorífico.
Existen excepciones, de ahí su
éxito, como en el Museo del Vino.
Un ejemplo que en otras zonas
peninsulares se generaliza a
marchas forzadas. La sorpresa
salta, por ejemplo, en las calles
que rodean a la catedral de
Ourense. Como en el Porta da
Aira, con la posibilidad de elegir
entre treinta botellas abiertas, con
la temperatura idónea, y poder
degustar unos pimientos del
piquillo, salmón ahumado, quesos
del país con pan de pueblo, lacón
asado, panceta, chorizo... como
tapas. Oferta que se repite en el
bar Fuentefría. O en el café Real.
Y en el A Bayuca, donde su
encargado nos hablaba de cien
marcas de vino y un tapeo de
quesos y croquetas, con lomo y
jamón Joselito... Habrá que imitar
estos modelos y darse un garbeo
por Ourense, A Coruña y Ferrol.

2 comentarios:

GOTZON dijo...

very interesting!

tagskie dijo...

hi.. just dropping by here... have a nice day! http://kantahanan.blogspot.com/